Este libro si llega a sus manos, y no es lo que espera, como fue en mi caso después de leerlo, simplemente úselo para avivar una fogata. No es para nada, ni siquiera comparable a lo que escribe Howard Philips Lovecraft.
¿Pero algo tiene que tener o no?
Sí, igual son seis cuentos, de los cuales tres son buenos, pero no en su totalidad. Por lo menos las historias que componen este libro fueron misteriosas e intrigantes. Tanto por lo que cuentan como por la forma en que está escrito y por el giro que tiene cada uno.
Nuevamente vemos como un rotundo cambio de final, se diluye para sorprender con otro. Es un buen recurso del suspenso. Porque de terror no hay mucho, pero el misterio abunda.
Para que no se queden con lo que digo, sino con las mentiras de la contratapa, acá está: “La maestría literaria de Sir Arthur Conan Doyle (1859 – 1930) no se refleja únicamente en la archifamosa serie de Sherlock Colmes, el excéntrico gentleman eduardiano que elevó la pesquisa detectivesca a brillante manifestación de la inteligencia más sofisticada”.
Ok, no cuestionamos lo que ha hecho, sino, sólo este libro. Y continúa: “En estos seis cuentos de terror el autor escocés se nos revela también como un consumado maestro en el arte de contar historias en las que la intriga se asocia portentosamente con el estremecimiento del miedo y la sorpresa de lo insólito, todo ello con el único objeto de mantener hipnotizada la atención del lector”. Umm, claramente cuestionable. Pero en fin.

